jueves, 27 de octubre de 2016

Bodegón Crawl Episodio VI - Chopería Bar Blanco (esquina este)

Proponer ir al Bar Blanco plantea un problema de logística importante desde el vamos, puesto que la invitación siempre ha de ir precedida por un “¿bueno, pero a cual?”, y es que en la(s) esquina(s) de Alem y Pellegrini tenemos 2 opuestos, la “Chopería Bar Blanco” (del lado “este”) y la “Chopería Blanco Hermanos” (en el lado “oeste”). Desconocemos la veracidad de la historia, pero como todo medio público que se respete, la reproduciremos básicamente como se nos contó sin dedicar un minuto a verificarla: cuenta la leyenda que dos hermanos eran dueños de uno de los locales, pero en algún momento tras alguna disputa que no puede haber sido más leve que un entrevero a là Double Dragon, uno de los hermanos vendió su mitad al otro y decidió abrir su propio Bar con juegos de azar y mujerzuelas en el lugar más recóndito que pudiera encontrar de la ciudad: la esquina de en frente.

En esta ocasión, hemos decidido arrancar por la denominada “Chopería Bar Blanco” y, si bien no descartamos dedicarle una visita a su contraparte en la vereda Oeste, sólo hablaremos de él por hoy.

En principio uno entra y no nota nada muy distinto a cualquier otro local no-moderno (léase no-concheto ni a todo trapo) de calle Pellegrini, pero basta acomodarse en una mesa para levantar la mirada y notar uno de los primeros indicios de la innegable bodegonitud que tiene el lugar: (ver imagen →)

Examinando el menú, inicialmente nada resalta demasiado, salvo algunos errores de tipeo en algunos de los ejemplares (que promocionaban tener pizza de Perro en lugar de Puerro, y cerveza Iguana Stout), pero llegados a la zona de sándwiches calientes encontramos 2 cosas: 1) venden pizza por porción (nota para el lector bonaerense: si, “al corte” como le dicen ustedes; no, esto no es común en Rosario) y 2) venden “Frankfurt de Chorizo”.

Tómense un minuto para re-leer eso por favor: si, dije Frankfurt de Chorizo. Desconocemos el cómo esta combinación, que claramente representa la quintaescencia de la cocina fusión argentino-germana, no había llegado antes a nuestro conocimiento, pero el pedirla fue obligación, y no defraudó en lo más mínimo.

Comenzando con una tanda de Amargo-Obreros por aquí, Stella Artois negra por allá, y una breve (pero sabrosa) entrada de cazuelitas de mondongo, el grueso de los comensales consumieron las clásicas variantes de milanesa: con fritas, con puré, a caballo y en sandwich familiar completo. Evidentemente alguien nos había convencido de que estaba habiendo sobrepoblación de milanesas y había que hacer algo al respecto, para evitar una catástrofe natural.

En lo que respecta a la atención, la bodegonez se hace evidente al momento que el mozo se aproxima a la mesa y procede a tomar el servilletero de la misma para anotar el pedido, con la particularidad de que sólo anotó lo referente a pizzería/carlitería, y el resto lo recordó de memoria. La curiosidad, no obstante, en realidad se debe a que tanto a) fruncía el ceño forzando la vista, aunque lo que evidentemente tenía eran problemas para escuchar y procesar el pedido, y no para ver lo que estuviera escribiendo; como b) el único error que hubo en el pedido fue una porción de pizza equivocada de variedad (a pesar de estar anotada).

Ciertos detalles le quitan puntos a la experiencia, como ser la lugubrez del baño, lo poco-cocidas de algunas milanesas, el baño de discapacitados con una mesa cubriendo su puerta.. Pero lo cierto es que resultaron ser detalles menores, que no le quitaron lo placentero a la velada en lo más mínimo. Eso sí: nuestro Licenciado en Educación Física de cabecera nos apunta cierta carencia de originalidad en la selección de cantores de tango que habitan una de las paredes, acusando la falta de un Edmundo Rivero o Julio Sosa.

Cerrando esta entrega, el puntaje (ya saben, mouse arriba de lo que desconozcan):
  • Bodegonez (del servicio): 98%
  • Bodegonitud: 60%
  • Bodegonancia: 64%
  • Sabrocez: 89%
  • Peronitud: 50%
  • Tubos per cápita: N/A
  • ¿Da para postre? Casi casi, pero no

viernes, 30 de septiembre de 2016

Bodegón Crawl Episodio V - La Bella Napole

Bien, después de la última vez, decididamente teníamos que encontrar un lugar que no tuviera un sobrenombre tan.. pintoresco. Y ciertamente "La Bella Nápole" carece de tal cosa, de hecho hasta carece de un cartel en la puerta que diga su nombre y mucha gente lo ubica por "ese lugar que está en la esquina de San Nicolás y Tucumán y hacen terrible Plato X" (donde 'Plato X' puede ser un montón de cosas).

Por última vez, Google: se llama "La
Bella Napole", no "Napoli", con "e",
CON "E".
Básicamente esta esquina es un local de 2 pisos de puro bodegón: al entrar el olor a comida no satura tanto como en otros lugares, pero el bullicio invita a hablar fuerte y con la boca medio llena. Las sillas y manteles evidencian el paso de un millar de comensales, no obstante son extremadamente cómodas (punto a favor siendo que sobre el final de la jornada inevitablemente uno termina reclinándose y desabrochando botones del pantalón -situación verídica vivenciada por la Bruja de la Torre en esta jornada-). Los mozos rebozan de bodegonez y son parte importante de la experiencia, y cumplían con ser todos hombres, con promedio cincuentón de edad, y el que nos atendió particularmente no sólo sobrevivió a la prueba legislativa del "¿que me recomendás?" sino que la superó ampliamente, recomendando el menú de la noche (colita de cuadril con queso gratinado, papas y no recordamos que más) y lo describió con más detalle y énfasis que un comentarista deportivo alabando el mediocampo de la selección nacional de fútbol.

Me consta que en fechas patrias nadie en 
10 cuadras a la redonda piensa en hacer su
propio locro, el folklore del barrio dictamina
cargar una olla a pie al mediodía desde
aquí hasta su casa
A recomendación de El Doctor de la mesa recomendó lubricar los paladares con un Cuesta Del Madero tinto, aunque por falta de stock a lo largo de la noche tuvo que volver a aparecer en escena el San Felipe Caramagnola (con clamor popular). Además de la mencionada colita de cuadril, los platos de la noche fueron ravioles (de verdura, pollo Y carne de vaca) -con tuco & estofado- para la maestra en pócimas, y una Suprema a la Maryland para 2 compartida entre el Dr. y quien suscribe. Si bien todo estaba rico (en general es difícil "clavarse" con algo en la Bella Napole) hay ciertos detalles que hubieran beneficiádose de un poco de atención adicional, pero la Suprema a la Maryland es un clásico de antaño que no suele verse en los menúes de muchos lugares, pero aquí fue epsectacularmente ejecutada, viniendo acompañada de: papas fritas, banana frita, manzana frita, pickles, 2 fetas de jamón (para más placer), crema de choclo y puré de manzana.

Hablando de cosas que no suelen verse en el menú: la carta tiene una variedad ridículamente enorme. Reitero: ridículamente enorme, parecería que no importa que tengas ganas de comer, seguramente lo podrías conseguir allí y bien hecho (bueno, salvo digamos, sushi o platos muy de otras latitudes culturales). Es además, hasta donde recuerdo, el único lugar en Rosario donde he visto que vendan platos con Yacaré o Ranas.

Damas y caballeros: el Sambayón.
Hay que admitir que es un lugar al que resulta peligroso ir con mucha hambre, porque uno podría tentarse y ordenar comida de más, con lo que cuando empiezan a aparecer los platos sobre la mesa uno intenta controlarse pero muy fácilmente puede caer en un frenesí (no, no estoy diciendo que nos haya pasado eso). Finalmente, cuando ya estábamos todos desparramados y sufriendo disfrutando la agonía tras la ingesta desmedida, la necesidad de postre fue unánime, solicitando un flan con dulce de leche y café (que no probé pero olía muy bien), Panqueques "Don José" (uno de banana flambeada, el otro de manzana), y una copa de Sambayón (primera vez que veo el postre de verdad y no "un helado de-", y tengo que apuntar que el helado y la cosa real no se parecen en casi nada).

Sin más, el puntaje (hover-over-hover-over-hover-over):
  • Bodegonez (del servicio): 100%
  • Bodegonitud: 90%
  • Bodegonancia: 95%
  • Sabrocez: 94%
  • Peronitud: 82%
  • Tubos per cápita: 2 de ¾ c/4
  • ¿Da para postre? Seeeeeeeeeeeeeeeeh